Johns Mead

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Entrega comprometedora

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Toda la gente se vuelve loca en esta temporada de regalos además aprovechando que todo o la gran mayoría recibe dinero ya sea de su aguinaldo, fondo de ahorro, prima vacacional o hasta incluso caja de ahorro, tiene la solvencia para comparar cosas que yo me imagino que durante el resto del año no adquirirían con la misma facilidad y esto lo digo porque trabajo en una empresa de mensajería y nos dedicamos a entregar todo tipo de paquetes desde algo de valor hasta entregas exprés cual si fueran productos perecederos a punto de expirar.

Pero algo de lo que me he podido percatar a lo largo del tiempo que me he desempeñado en este campo laboral es que a excepción de san Valentín que es la fecha de los enamorados esta es otra fecha en la que se obsequian peluches de tamaño monumental y esta semana yo fui el encargado de llevar a su destino un súper oso de peluche con un tamaño que jamás nadie habíamos entregado con solo decir que un poco de más tamaño y no hubiese sido posible meterlo en ninguna de nuestras furgonetas lo curioso fue la entrega porque en esta ocasión se nos ordenó que el sitio de la entrega fuese en el centro de trabajo de la chica pero eso no fue lo peculiar sino que no cabíamos mi compañero y yo por las puertas de la empresa junto con el muñeco en cuestión, de manera que fue toda una obra cómica donde todos los presentes primero se asombraron con el tamaño de nuestro amigo afelpado pero después fue inevitable para ellos no soltar una risa al ver las peripecias que tuvimos que hacer para poder traspasar las puertas de lugar.

Una vez que pasamos la entrada al recibidor supusimos que el sitio destinado para la entrega seria a unos cuantos metros de ahí pero nunca estuvimos más equivocados porque en la orden de entrega especificaba muy claramente que debíamos entregarlo en su oficina dentro del área de su departamento y para que no tuviéramos ninguna duda en su escritorio, de modo que más explícito no podía ser así que nos identificamos como pudimos o mejor dicho como nos permitió el oso sin soltarlo al suelo; la recepcionista muy sonriente de ver la travesía que tuvimos que sortear nos indicó que la ubicación donde debíamos ir era en el veinteavo piso del edificio en el departamento de reclutamiento de personal y por si fuera poco o fuese necesario mencionar que no cabíamos en el elevador con el enorme paquete por lo cual tuvimos que subirlo por las escaleras, ya se podrán dar una idea de cómo fue la subida y de cómo llegamos casi sin aire y con la boca seca por el gran esfuerzo que fue subir tantos pisos sin un poco de agua.

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Pero cuando al fin llegamos al piso ver la cara de sorprendidos de todos los que se encontraban en ese departamento fue muy agradable, aunque nada comparado con la reacción de la dama para la cual estaba destinada la sorpresa, se conmovió tanto que hasta una lagrima de emoción pudimos observar y enseguida se apareció por ahí otro repartidor -según creímos- con un enorme ramo floral igual de aparatoso que el oso; ella no se percató de que era su amado y este al pedirle que si le firmaba de entregado le dijo que le permitiera sacar una pluma de su bolsillo para entonces sacar del pantalón una cajita que contenía un anillo de compromiso y hacerle la obvia pregunta por lo cual inmediatamente se arrodillo y ella lloro de emoción y contesto afirmativamente. Entonces todos sus compañeros comenzaron a aplaudir.

Esa es la entrega de paquetería que hasta el momento ha sido la más memorable y dudo mucho que otra lo supere.

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