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Fuerza Ordinaria y Extraordinaria

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Hace unos días, tuvimos una situación extraordinaria en nuestra labor y cuando digo extraordinaria no me refiero a la connotación positiva que por lo general utilizamos para referirnos a algo muy bueno ya que el término extraordinario es imparcial y simplemente se refiere a un acontecimiento fuera de lo ordinario. En este caso fue en el lado negativo de la connotación. Lo que sucedió es algo que nunca antes había sucedido en nuestra experiencia y esto es que desapareciera un cargamento de 4 toneladas de varillas pre-pagadas por nuestros clientes, una situación que gracias a Dios pudimos resolver con bien aunque mediante el uso de fuerzas supremas.

La fuerza en la vida me parece que es algo de gran importancia en la vida y que se pasa por alto en nuestras estimaciones de las cosas y en las evaluaciones previas al comienzo de cualquier tipo de contienda. Esto, en mi opinión, se da con mucha frecuencia debido a la simpleza del concepto de la fuerza ya que el ser humano, por lo general, tendemos a enfocarnos siempre en lo complejo y pocas veces en lo simple y esencial olvidando que es lo esencial lo que hace posible resolver o ejecutar lo complejo.

La fuerza o vitalidad es uno de estos conceptos que tomamos muy a la ligera debido a su simpleza, una simpleza que nos hace inconscientemente creer que este elemento es una parte inédita del ser humano y que siempre debe de estar ahí, siempre y cuando nos encontremos vivos.  Sin embargo, en la antigüedad este concepto importantísimo era uno que se tomaba con suma seriedad y era parte esencial de una evaluación previa al emprendimiento de cualquier actividad chica, mediana, o grande. En estos tiempos – de la civilización grecorromana –  la vitalidad y la fuerza era algo que se cultivaba y se preservaba con cuidado ya que entendían que entre  menor el grado de la misma mayor la mediocridad en cualquier tipo de objetivo.

La vitalidad y la fuerza eran cultivadas por ejercicios tanto mentales como físicos para desarrollar una fuerza flexible y manejable al antojo de cada individuo. Asimismo, de la misma manera que se llevaban estos ejercicios también se implementaban algunas abstinencias temporales como era, por ejemplo, la abstinencia a relaciones sexuales ya que en estas se pensaba –con buena razón – que se perdía la vitalidad de modo inmediato, especialmente en el caso masculino debido a que al terminar acciones de esta naturaleza se inyecta vida a la pareja y consecuentemente se pierde algo de la propia.

En esos tiempos, la fuerza de un individuo se media en dos: ordinaria y extraordinaria.  La premisa dictaba que cualquier individuo consiente debería de tener ambas además de poder utilizarlas al gusto y en la situación apropiada. La ordinaria se utilizaba en situaciones ordinarias  y la extraordinaria en situaciones proporcionales a la misma, el truco estaba en siempre tener esa fuerza extraordinaria para ser empleada algo que se lograba solo al usar la ordinaria de manera sensata.

Así fue como resolvimos nuestra situación.

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